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Robert Cadot

PINTOR

Enfoque simbólico contemporáneo




ENCUENTRO

Yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos. Y todo un mundo se anima, como una obra frágil é infinita. Es la mezcla de los elementos, del agua, de la tierra, del aire y del fuego, y el mestizaje de seres, encajadura fluida, que engendra tal relieve, tales contornos, tales tintes que nos fascinan. Y cada pintor, a su manera, ha fijado el efecto sobre el soporte de su predilección. Cada cual con su toque, con su propia deformación, ha puesto manos a la obra para, a escondidas, sorprender la estructura del azar. Cada quien triturando, manejando, aplicando pigmentos escogidos y trazando inevitables lineas, ha sabido crear según su plan una superficie que se rebasa ella misma, una superficie poseyendo un hálito. En este lugar preciso, de falso aspecto de inercia, la vida parece redoblar de sentido. Qué secretos esta curiosa alquimia confía entonces sobre los lineamentos de los cuerpos, la ondulación de la luz, el valor de la argamasa, des liants, En esas materias, obviamente, nada es simple. La sombra de uno, la luz del otro, aquí la perfección del trazo, allí el revisitado sfumato, el aporte de la geometría, la intrusión de una bruma vibrante… concurren todos a erigir nuestros referencias en lo concerniente a la pintada estampería. Pero consideremos ésto : cada obra legada a producido un efecto en su medio. Algunas incluso han podido franquear tiempo y distancia para transmitir su valor (a menudo no sin complicaciones). Esas obras han entonces modelado nuestra comprensión del viaje pictórico, han inclusive orientado convergencias, un sorpendente paralelismo, asombrosas coincidencias, identificables en el enfoque de otros pintores. Veamos esto como un cruce, un diálogo, una simbiosis, o incluso un solo rozamiento. Es a veces en filigrana, apenas un guiño, literalmente una copia, aunque fuese parcial. Pero es sobre todo un encuentro, es ese instante priviligiado en donde un fraseado es repetido, modificado, de nuevo transmitido, con añadiduras, recortes, contraparte. Así, el ojo del creador, ya sea por un llamado súbito o por magnetismo perpetuado, imita a veces una manera, retiene una estructura, una tangente que le parece familiar en un momento dado, y que adopta entonces como compartiendo, como un mantra formal para recitar luego de haberlo captado, practicamente a manera de confidencia. También es en la más profunda intimidad en que se cavarán esos surcos de connivencia, ese ritmo en armonia, que influenciarán su manera de trazar los paisajes, de repartir los volúmenes o de alargar los cuerpos. Todo eso se entrelazará al tejido de la obra, a la vida de la tela, reconociendo allí su lugar inevitablemente, pues las obras llegan a menudo unas después de otras.

En efecto, existen algunas similitudes mas obvias que otras, deliberadas imitaciones, por razones que a veces se pierden pero cuyo efecto permanece. Por ejemplo, el vestido de la mujer del cambista de Quentin Massys (1514), similar a la de Margarita Van Eyck (1439). Existe aquí una evidencia que otros han subrayado. Pero, consideremos más bien aquí, y por pura resonencia lúdica, la composición X de Kandinsky (1936). Cierto, ésto se haya más lejos en el tiempo, y las dos maneras, de Quentin y de Wassily, permanecen totalmente diferentes, revelándose en este ultimo, como se debe, totalmente abstracta. Pero observemos curiosamente los dos polos en la obra de Kandinsky, practicamente dos personajes, la cabeja parda a la izquierda, es el cambista, y la verde, su mujer. El círculo verde corresponde al plato de cobre detrás de la manzana, el solideo verde aplastado en el sombrero de la mujer, y los cuadritos de color en la moneda. Se entendera además el lazo entre las manos abstractas, roja y amarilla, y las del cambista, como la presencia del libro abierto bien plantado en la esquina inferior derecha. Existe también una bella equivalencia entre esta fuerte luminosidad sobre fondo negro presente en la composición X, y el mismo efecto visible en varios lugares en la obra de Massys, sea en la bola-espejo, sea en el punto de escape apagándose al fondo del corredor más allá de la puerta, sea en el juego de perlas sobre tejido negro, o en los efectos de la garrafa. Una innegable complementaridad de valores y de líneas une a estas dos pinturas.

Pensemos también en Guernica de Picasso (1937), quien decía que era preciso descubrir las telas detrás de las telas. Opongamósle el tiroteo del 3 de mayo de 1808 de Goya (1814). No es solo el tema, el horror de la guerra y la matanza de inocentes lo que acerca uno al otro, pues también la repartión espaciale de ambos se revela similar en varios aspectos. En la parte inferior izquierda de las dos telas, el personaje yaciendo en el suelo estirando sus brazos crea una fuerte equivalencia entre uno y otro. Hay también una tangente de miradas insistiendo hacia la izquierda. Está el personaje de pie alzando los brazos al cielo, presente en las dos obras. Está el campanario de Goya transformado en lámpara en Picasso, y la arquitectura de los dos edificios cubriendo el mismo sector superior derecho. Eso basta, yo creo, puesto que, por mínima que sea la comunión del trazado, la estiba se ejecuta aun siendo por pequeñas porciones de imagen, creando un efecto yendo en el mismo sentido.

Entonces hoy el presente proyecto, Encuentro, señala tanto una serie de puntos en común, como una filiación atmosférica, una complementaridad surrealista, entre dos o varias obras de grandes maestros. La idea de influencia, de imitación o de coincidencia ha, claro está, largamente orientado una parte de mis tentativas de imbricación, pero otras consideraciones me han igualmente motivado : la voluntad de seguir la pista de algunas vías adoptadas por esos maestros, la alegría profunda de medir « del interior » la fuerza de sus composiciones, el gusto de rendir homenaje a la inventividad de sus creadores y de interpretar su pintada musicalidad. Pero existe también otro desafió que yo he querido aceptar aquí, y que constituye quizas la principal motivación de este proyecto : volver visible la interactividad de porciones de obras circulando en, como lo decía Malraux, este maravilloso « museo imaginario » asentado en todos los puntos, alto lugar de interrogaciones y testímonios, abra de lo intemporal, de este corazón del tiempo, de esta inactualidad, allí donde, si, Matisse visita Vermeer, o Van Gogh frecuenta Hiroshige, o Moholy Nagy se inicia en los rectángulos de Lucas de Leyde…







OBRAS PINTADAS

  1. Vénus au miroir de Giovanni Bellini et Le sommeil de Salvador Dali
    Óleo sobre tela, 71 cm X 81 cm, 2003.

  2. Le déluge de Michel-Ange et Compassion de William Blake
    Óleo sobre tela, 71 cm X 81 cm, 2004.

  3. La Joconde de Léonard de Vinci et Marylin de Andy Warhol
    Óleo sobre tela (tríptico), 81 cm X 1,45 m, 2004.

  4. La fusillade du 3 mai 1808 de Francisco Goya et Guernica de Pablo Picasso
    Óleo sobre tela (tríptico), 81 cm X 1,45 m, 2004.

  5. La laitière de Vermeer de Delft et La desserte de Henri Matisse
    Óleo sobre tela (tríptico), 81 cm X 1,45 m, 2005.

  6. L’enterrement du comte d’Orgaz de El Greco et œuvres diverses d’Amédéo Modigliani (Cariatides, Autoportrait, portraits de Moïse Kisling, Jacques Lipchitz et sa femme, Chaïm Soutine)
    Óleo sobre tela (tríptico), 81 cm X 1,45 m, 2005.

  7. Les joueurs de cartes de Lucas de Leyde et CHX de Moholy-Nagy
    Óleo sobre tela (tríptico), 76 cm X 1,4 m, 2005.

  8. Le 5e relais du Tôkaidô (Totsuka) de Utagawa Hiroshige et œuvres diverses de Vincent Van Gogh (Autoportrait, Portrait du docteur Gachet, L’église d’Auvers-sur-Oise)
    Óleo sobre tela (tríptico), 76 cm X 1,4 m, 2006.

  9. Ce que l’eau m’a donné et Le Cerf blessé de Frida Kahlo et Nu dans la baignoire de Pierre Bonnard
    Óleo sobre tela (tríptico), 71 cm X 1,42 m, 2006.

  10. Le radeau de la méduse de Théodore Géricault et divers autoportraits de Van Gogh, Gauguin, Rembrandt, Frida Kahlo, Titien, Van Eyck
    Óleo sobre tela (tríptico), 92 cm X 1,85 m, 2006.

  11. Les époux Arnolfini ainsi que Les trois Marie de Jan Van Eyck et L’habillement de la mariée ainsi que La femme 100 têtes ouvrant sa manche auguste (détail) de Max Ernst
    Óleo sobre tela (tríptico), 61 cm X 1,22 m, 2006.

  12. La tour de Babel de Pieter Bruegel, et œuvres diverses de Edward Munch (Le cri, L’angoisse, Équipe de chevaux sur un site de construction)
    Óleo sobre tela (tríptico), 61 cm X 1,22 m, 2007.

  13. L’escalier rouge de Chaïm Soutine et La tour rouge à Halle de Ernst Ludwig Kirchner
    Óleo sobre tela, 81 cm X 71 cm, 2007.

  14. Le prêteur et sa femme de Quentin Metsys et Composition X de Wassily Kandinsky
    Óleo sobre tela, 81 cm X 71 cm, 2007.

  15. Niccolò Mauruzi da Tolentino dans La bataille de San Romano de Paolo Ucello, L’officier de chasseur de Théodore Géricault, et Le poète Téba à cheval et son serviteur dans un paysage de neige de Katsushika Hokusai
    Óleo sobre tela, 89 cm X 1,78 m, 2007.









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